Un gracias lleno de sentimiento

Gracias, gracias y gracias. Esto es todo lo que puedo decir a todas las personas que me han acompañado en este episodio de mi vida. Gracias a todas esas personas que han confiado en mí desde el principio y que me dedicaron parte de su valioso tiempo para decirme: “Hola, ¿quién eres?”.

Cuatro años, 1.460 días, 35.000 horas, más de dos millones de minutos vividos en un ambiente inimitable. Muchos han sido los momentos en los que nos hemos podido separar. Muchas han sido las escusas por las cuales todo se ha podido ido por la borda. Pero aún así, todo ha continuado. Los mismos, los imparables… NOSOTROS.

Sé, y lo lamento mucho, que todo no va ser igual. No reservaremos salas para trabajar en grupo, no llevaremos comida para comerla en la Universidad, no hablaremos por los grupos para decir que ha salido una nota, ni preguntaremos a ver a qué hora hay que ir mañana a la Universidad. Tampoco tendremos que mendigar apuntes ni apurar los aprobados.

Puede que nuestra AMISTAD sea como la energía, que ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Y eso creo que es lo que va a ocurrir. Sabremos amoldarnos a los nuevos tiempos y mantener el contacto. Con Costa Rica, Valencia, Arnedo, Madrid, Getxo, Barbastro y allá donde nos depare el destino. Porque la amistad no entiende de kilómetros, de distancias ni de mares. Porque la amistad va mucho más allá de tener que vernos todos los días. Lo bueno dura, dura y seguirá durando mientras sigamos con vida.

Muchos son los recuerdos que quedan atrás y muchas son las historias que tenemos para contar. Hay personas que llegan a tu vida y se van sin dejar marca. Otras, llegan y te marcan. Pero, sin embargo, hay quienes llegan y sin quererlo, comienzan a formar parte de ti y se vuelven esenciales. Vitales. No es que te marquen, sino que te hacen vivir, sentir, disfrutar y recordar.

A todas esas personas, gracias. Gracias por todo lo que hemos vivido y por lo que nos queda por vivir, sea donde sea. He aprendido mucho de cada uno. Cada uno aporta sus cosas y sus visiones, y no hay nada más enriquecedor en esta vida que arbitre y empaparte con lo que los demás desprenden.

Seamos informales y y tópicos por un momento. ¡Eh, que no es un adiós, tío. Es un hasta luego!

Seguimos en contacto, y al pie del cañón.

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