Valores mal pagados

En este viaje de fin de carrera a Riviera Maya he vivido muchas cosas. Me llevo una experiencia inolvidable e impagable. He hecho cosas que jamás podría haber imaginado, he llevado una vida de rey y todo gracias a gente que se desvive por ello.

Aquí, en México, la gente se desvive por ayudar al cliente. Con unos sueldos miserables y ridículos, la sonrisa jamás se les va de la cara frente al cliente.

“¿Necesita algo?”, “¿desea tomar algo más?”, “señores, ¿qué tal les está resultando la estancia”? y así, suma y sigue.

Me he quedado perplejo al ver las necesidades de estas personas, cada uno tiene una historia apasionante detrás. Cada uno lucha por unos pocos pesos, que sepa usted si son suficientes para pasar el mes.

La propina aquí es algo que jamás he llegado a conocer. En España estoy acostumbrado a dejar las vueltas de la cuenta como propina. Aquí, significa mucho más que eso. Significa que aprecias su servicio y que estás contento con esa persona, y se lo toman muy en serio. Pero no solo eso, sino que lo más llamativo es que si das propina, esa persona te va a dar un mejor servicio. E incluso la propia propina, a veces, supera su sueldo. Lo que para nosotros es una ridiculez, aquí supone todo un mundo.

He de confesarles que aún no me he llegado a aclarar con el cambio de pesos a euros. Por eso, uno de estos días me equivoqué y deje de propina 200 pesos (10 euros). Pero, ¿saben qué? Que no me arrepiento. La cara de emoción cuando vieron aquel billete fue de foto. No la olvidare junto con la frase “gracias señor, la mejor propina que he llegado a ver…” Yo no la entendía, claro. No sabía que me había confundido. Aún así, se lo merecían. Me alegro de haberme confundido.

He llegado a pensar que soy un poco egoísta. Aquí la gente se conforma con poco (querrían más, seguro) pero viven con ello. La educación es un valor que prima ante todo. Es curioso que un país subdesarrollado como México, de cien mil vueltas en educación a un país como España. 

Vergüenza me da la gente que no da las gracias, que no saluda y que no sonríe ante la amabilidad de los camareros en México. Ahora bien, vergüenza me dan también los camareros amargados en España o la gente que trabaja de morros y amargada que paga lo malo con los demás.

Me han tratado mejor que a cualquier rico. He sentido en todo momento el cariño de los mexicanos, su sonrisa y su amabilidad. He sabido que ante cualquier problema, me iban a ayudar. Simplemente, me he sentido como en casa.

Me quedo con una frase de un trabajador de México: “El trabajo es el trabajo. Si he tenido mal día, no lo puedo pagar con ustedes.

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