Su última noche en mi cama

Una cálida luz de la televisión nos envolvió. Las sábanas nos tapaban del frío que entraba por la ventana. Su susurro en mi oreja me despertaba al igual que me despertaba algún que otra subida de volumen de la televisión.

Cuando ya no había ninguna luz que destacase en mi oscura habitación, ni siquiera la pantalla del móvil con el último ‘Whats App’, todo era silencio. Un silencio que nos envolvía. Pero de nuevo, un susurro en mi oreja me despertó. Se movía de un lado al otro de la cama. Quería algo. No me lo decía, solo me susurraba y yo no llegaba a entenderle.

Le ignoraba porque sabía que hoy estaba en mi casa, en mi cuarto… en mi cama, y si no terminaba con esto esta misma noche, mañana estaría con otro, posiblemente en su cama, susurrándole en la oreja e intentando lo mismo que conmigo.

No quise darle mas importancia. Conocía la historia, por lo que le ignoré. Me dejó de susurrar al oído y parece ser que al ver mi indiferencia, optó por algo diferente.

Noté cómo el susurro pasó a ser algo físico. Cómo cogió mi brazo y lo mordió. No una ni dos veces, ¡sino tres! Sus marcas me recordarían al día siguiente la larga noche. Esa noche que hoy es conmigo y mañana con otro, hasta que alguien corta por lo sano.

Ese alguien he decidido ser yo. Me levanté de la cama y sin pensármelo dos veces, me puse a pegarle golpes. No paré hasta ver que no se movía. No paré hasta saber que no iba a escuchar ningún susurro más y hasta asegurar que no iba a frecuentar ninguna cama más.

Puede parecer algo frío y duro, pero es lo que tuve que hacer. También hice un favor a mis padres, o a otras personas. También suele ir a su cama. No pregunta ni pide permiso. Va donde le apetece y eso es algo que hay que castigar.

Tras acabar con su vida, pude volver a la cama, pero esta vez solo. Dicen las malas lenguas que es mejor estar solo que mal acompañado. Simplemente, lo he llevado al pie de la letra.

Puede que nada más meterme a la cama de nuevo, le diese vueltas a la cabeza y pensase un poco en lo que había hecho. Y solo me hice una pregunta, ¿cómo no pude matar antes de las 4 de la mañana a ese dichoso mosquito?

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