Una “realidad” paralela

Puedo ver unos rayos de sol que entran por unos diminutos agujeros de la persiana. La puerta de casa se oye cómo se cierra. Levantándome y quedándome sentado un rato en la cama, pienso qué día es. Veo correr los días sin más. Veo que la vida pasa y pasa. Veo que las cosas que se quieren, tardan en llegar. Y lo peor, que otras no llegan.

Con las zapatillas de casa y un albornoz negro, paseo hasta la cocina en busca de un café que alegre la mañana. En busca de un poco de azúcar para endulzar el día. Sin prisa, abro el chorro de la ducha. Viendo cómo comienza a salir el vapor, me desnudo y entro. El agua caliente corre por todo mi cuerpo, evadiéndome de ese mundo del que quiero huir.

Con una triste canción de fondo que se corta cada dos por tres, salgo de la ducha. Limpio, pero no mejor. Mojado, pero no alegre. Abro el armario en busca de algo que ponerme. Algo que tape el lado oscuro que no quiero mostrar. Con una cara triste y amargada, pillo lo primero que encuentro. Sin pensar lo qué es. Sin querer darle más vueltas.

No hay nadie en casa. Sé que algo me falta. Llamo a uno y a otro. Nadie coge. No hay nadie. Preparado y arreglado, pero no por ello feliz, salgo a la calle. Como si de un mundo aislado se tratase, nadie por las calles. Una simple bici sin ruedas está atada en una larga y sucia farola, que aun esta encendida. La única de toda la plaza.

Me pongo los cascos de música para aislarme de esa mierda de realidad, con la intención de que mi canción favorita me llevase a otro mundo. Pero nada, por mucho que metía la mano en el bolsillo, de ahí no salía nada. El cable de los auriculares era interminable. Parecían esos pañuelos de los bolsillos de los magos. Dejé de intentarlo.

Solo, sin música y triste, sigo el camino a la universidad. En más de una ocasión, durante el trayecto, pienso que soy el único que existo. Que soy la única persona viva en este mundo. ¿Dónde están todas esas personas que alegran cada mañana? ¿Y mis padres? ¿Dónde estoy?

Por muchas preguntas que me haga, nada tiene solución ni respuesta. Llevo más de dos horas por el mundo, y sigo solo. Sin ayuda y sin gente. Un caballo corre por la esplanda de la facultad, parece que una persona lo cabalga. Pero por mucho que me acerco, el animal se aleja… y entre risas y un gran abucheo… suena la alarma de mi despertador.

Puedo ver unos rayos de sol que entran por unos diminutos agujeros de la persiana. La puerta de casa se oye como se cierra. Levantándome y quedándome sentado un rato en la cama, pienso qué día es. Es otro de esos grandes días, donde disfruto de cada cosa que hago. Uno de esos días donde es mejor que al anterior, pero peor que el siguiente. Simplemente, es de esos días donde se rompe con la monotonía. Por cierto, ¿qué es eso?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s