¿A dónde piensas llegar así?

Puede que en nuestros sueños nos creamos más que otros, incluso podemos llegar a pensar que somos intocables. Es cierto que en casa la gente se comporta de diferente forma de ser a como lo hace en la calle. Pero da ahí a transformarse, hay un paso muy grande.

Dar esa imagen a los demás de alguien que verdaderamente no eres no hace más que poner en evidencia a la persona que verdaderamente sí que eres. Nunca nadie puede crear un personaje de la nada, y si lo consigue, no podrá implantarlo a los demás. Y en el hipotético caso de que lo logre, esa persona es tan poco verdadera que no durará.

Crear un personaje para ser algo o alguien más que los demás es el punto más alto del patetismo, de la pobreza como persona… Ya no entramos en el hecho de que es algo patético. Entramos en cuestiones más profundas, más densas. Igual algunos ni se las han planteado. Es más, pondría la mano en el fuego a que las personas que llegan a hacer dichas cosas, en primer lugar, ni entienden el porqué de sus actos. Y en segundo lugar, ni piensan en las consecuencias de dichos actos.

Pobreza de espíritu y pobreza humana es lo más bajo en lo que uno puede caer. De ahí solo se puede salir aceptándose cada uno como es. Con sus virtudes, con sus defectos, incluso con la “mierda” que se ha ido dejando a lo largo de los años. Es más, la clave está en esa “mierda”. ¿Por qué? Todos tenemos nuestras virtudes y nuestros fallos, pero no todos pagamos las desgracias, las envidias, los miedos… con los demás. Ese pago, con los años, deja rastro. Y mucho. Ponerse una capa y aparentar ser otro, no limpia ese rastro. Otra cosa es querer ser otra persona y arrepentirse de todo.

Pongámonos serios. ¿Quién es quién para creerse más que otro? ¿Por qué razón le apetece que todos se fijen en el, en sus virtudes y que sea una personas sin defectos? Muchos médicos aseguran que una persona así es debido a que tiene más cosas que ocultar que para mostrar. Y sobre todo, es clave el hecho de que se avergüenza de él mismo. El tiempo lo dirá. Que pasa factura inconscientemente.

El primer problema de todo esto es la educación que nos rodea. Un ambiente en el que proliferan las actitudes pasotas y los padres “encubridores”. Una sociedad en la que el que cede es el que pierde. Una sociedad en la que el triunfo está en los que tienes debajo… Y sobre todo, una sociedad en la que manda el pequeño y no el tutor o los padres.

Darse cuenta de cómo somos y a quién tenemos a nuestro alrededor es la clave del éxito. Dejemos que el tiempo haga lo que tenga que hacer. Mientras tanto, seamos como cada uno creamos que debemos ser.

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