“El postureo”, por Telmo Ibarburu

Hemos perdido el norte, es cierto, en muchos sentidos y desde siempre, pero uno de los grandes problemas que afectan a nuestra sociedad es que muchas veces nos inventamos lo que significan las palabras y las cosas, y las condenamos sin ningún tipo de escrúpulo a algún grupo tribal al que no pertenecen. Quiero hablar del “postureo”, esta nueva palabra que se ha puesto tan de moda, y que la gente utiliza para describir actitudes que resultan falsas y sin significado. Es decir, “para aparentar” ser o no ser tal, o para demostrar que eres algo o alguien.

El problema que suscita este término, apoyado por la inculta concepción que tenemos sobre las palabras, es que si nos arriesgamos a demostrar cualquier tipo de expresión artística podemos ser inevitablemente objeto de ese temible “postureo”. Si tocas la guitarra… postureo, si escribes en un blog… postureo, si te gusta la fotografía o al pintura… postureo, si lees un libro… efectivamente puedes estar haciendo el más terrible de los postureos.
¡Cuidado con toda esta gente porque pueden ser posturetas de manual que lo único que quieran sea impresionarte!

Entonces ¿Dónde queda la línea que separa la expresión auténtica y el postureo?
En la pasión. Efectivamente y a un arriesgo de utilizar una palabra que da vértigo, creo que postureo está relacionado con “hacer algo para que me vean” en cambio la propia expresión se sitúa en el “hacer algo porque me gusta”. No entiendo como en nuestras maravillosas redes “insociables” se pueden llegar a ver comentarios de todo tipo en los que se pretende destruir la pasión de la expresión. ¿Por qué diablos un joven que sube un vídeo suyo tocando la guitarra, tiene que ser un maestro del postureo? ¿Acaso no queda nada de arte en el mundo? ¿Quién nos dice que ese chico el día de mañana no llegue a triunfar y tengamos que pedirle perdón por no haber confiado en sus ganas de hacer las cosas? Entonces pensaremos:¡Jo! Pues al final resultó que le gustaba la música… O por subir un párrafo de un libro pretendamos demostrar lo intelectuales que somos, no, nada de eso, quizá esa persona lo ha leído y lo comparte con la esperanza de que alguien lo disfrute tanto como ella. No todos los grandes artistas necesariamente tienen que tener millones de seguidores y una buena reputación que avalen su validez y la calidad de su arte. El arte entiende poco de seguidores, entiende más de amor, de sentimiento, de expresión, de ganas…

Dejemos de intentar destruir la pasión de la gente solo porque la nuestra haya quedado secuestrada en algún lugar de nuestra cabeza por el miedo al fracaso o la desgana. Que cada uno se exprese como le venga a bien hacerlo, que el tiempo ya se encargará de demostrar si amaba lo que hacía o si por el contrario amaba lo que aspiraría a hacer, pero no tuvo el valor. Cuando se muestra contenido en internet no se debería esperar siempre que la gente aclamara la labor de uno, sino que simplemente puede sentirse orgulloso con lo que ha hecho y utiliza los medios disponibles para compartirlo y que la gente también pueda disfrutar de ello.

Que por el contrario, espero, no quede una sensación de que nada es postureo, que todo es arte… ¡No! (eso sería postureo) Pero seámonos sinceros, sabemos cuándo algo es postureo y cuando no lo es. Obliguémonos a incorporar unos filtros que nos hagan ver desde varios puntos de vista una misma acción y no condenemos a la horca de la opinión pública las muestras de ese pequeño arte que muchas veces encontramos en la web. De todas formas quizá esto que escribo también sea postureo.

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