Cuando fuimos los mejores. Por Iván Luquin

Tras 14 temporadas consecutivas en Primera División, nos tocaba volver a la división de plata, esa que nunca nadie ha ganado dos veces. Perdíamos la categoría, quedando en nuestras cabezas algunos momentos de la, probablemente, mejor época de nuestra historia.

El once elegido para disputar la previa de la Chamoions en Hamburgo (vía www.cuellar24.com)

El once elegido para disputar la previa de la Chamoions en Hamburgo (vía http://www.cuellar24.com)

Lotina nos llevaba a la máxima categoría del fútbol español, años después, llegaríamos a rozar el cielo. El Sevilla, equipo no muy bien recibido en el Sadar durante aquellos años, nos tiraba a la cuneta en las semifinales de la UEFA en el Sánchez Pizjuán, a pesar de llevar la ventaja de un gol, el gol de Soldado que nunca olvidaremos.
Pero todo empezaba unos meses antes. Exactamente un 28 de agosto, con una victoria frente al Villareal por dos tantos a uno. Esos tres puntos eran el pistoletazo de salida de una carrera que finalizaríamos en el pódium. Una larga carrera de fondo marcada por la regularidad –algo que tanto necesitamos esta campaña- con un equipo formado por un grupo de chavales dispuestos a todo, sin miedo a nada.

Como si de un sueño se tratase, el 22 de marzo de 2006 éramos los segundos, por detrás del gran Barça de Rijkaard. 29 jornadas después de aquel 2-1 frente al conjunto amarillo, éramos la gran sorpresa, peleando por un puesto de Champions. Con Webó y Milosevic como grandes amenazas atacantes, afrontamos la recta final de la liga con la misma ilusión con la que abre los regalos un niño el día de Reyes. Nueve jornadas para hacer historia.
El sprint final no fue el mejor posible, pero el gran ritmo mostrado durante toda la carrera hizo que llegásemos al último partido con opciones de entrar por primera vez en la Champions. Ganar al Valencia y animar al Real Madrid como si fuera nuestro equipo desde pequeños. Eso era lo que teníamos que hacer para poder acceder.
Casualidad o no, la carrera acababa de la misma manera que había empezado. Victoria por 2 a 1 frente a un equipo valenciano. El Valencia de David Villa, Aimar y compañía llegaba con los deberes hechos, terceros, aunque con opciones de adelantar al Real Madrid. El sueño se hacía realidad. Éramos de Champions. Pamplona era de Champions.
Caíamos derrotados frente al Hamburgo alemán en la ronda previa de la Champions, recalando en la UEFA. Ya habíamos disputado la ronda previa de la UEFA el septiembre anterior, pero el Stadde Rennais nos apeaba de la misma con un 3-1 en Francia y un 0-0 en Pamplona. En la temporada siguiente eliminábamos al Trabzonspor, entrando a la fase de grupos. Lo que no sabíamos era que el entrar en la UEFA suponía el comienzo de nuestra temporada más gloriosa.

Roberto Soldado frente al Herenveen. (Vía diarionavarra.es)

Roberto Soldado frente al Herenveen. (Vía diarionavarra.es)

El arranque de temporada fue espectacular. El mes de diciembre ocurrió algo que seguramente mucha gente no recuerda, pero que fue el reflejo de lo que éramos, de lo que fuimos. La Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS), nombraba a Osasuna el mejor equipo del mundo de dicho mes. Sí, han leído bien. Osasuna era nombrado como el mejor equipo del mundo, por delante de clubs como Bayern, Chelsea, Milán…
Tras ese hecho, las cosas volvieron a lo que entonces parecía normalidad: avanzar rondas de la UEFA como si se tratase de un torneo al alcance de cualquiera. Vencimos en lugares míticos como Glasgow o Parma, nos gustamos en Leverkusen y vestimos media Europa de color rojo. Tras dejar atrás a equipos como el Parma, Odense y Hereenvens, en grupos solo éramos superados por el Lens francés. En dieciseisavos de final nos esperaba el Girondins de Burdeos, en octavos el Glasgow Rangers y en cuartos, el Leverkusen. Soldado nos ponía a un paso del cielo, pero el partido de vuelta en el Sánchez Pizjuán suponía el final a un año que nunca olvidaremos.
Ahora que sufrimos para intentar meternos en el play-off de ascenso, sin olvidarnos mucho del descenso, es el mejor momento para recordar a Loquillo. Cuando fuimos los mejores.

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