El camino que siempre se desea…

Recordando viejos tiempos, pero que aún se recuerdan, te das cuenta de que hay momentos en la vida en los que parece que todo está jugado. De que nada puede cambiar. De que nada de lo que ocurre te puede ayudar y que, por desgracia, no tienes a nadie en la que apoyarte, excepto tú familia. Que siempre ha estado, está y estará. Pero ves que en tu grupo destacas, pero no en el buen sentido, sino en el malo, es decir, que sobras…

Cuando en ese momento decides dar un cambio y esperar unas buenas respuestas y una compresión, la vida te vuelve a dar una patada y te aparta de su camino, sin importarle nada. En ese momento, cuando no te ves como los demás, cuando ves que no eres la pieza que falta en el puzzle, te preguntas cuál es tú función. Incluso te llegas a preguntar qué haces realmente estando donde estas. Pensando si habrá un lugar en el que encajes…

Pero siempre hay un último esfuerzo. Un último salto que te lleva a tu lugar. A tu sitio. Ese momento en el que todo es nuevo y piensas que volverá a empezar una nueva historia como las de antes, hay personas que deciden darte una oportunidad, abrirte los brazos y acogerte. Sin saber realmente cómo eres, teniendo solo información del boca a boca, la cual nunca es buena, te acogen y te intentan comprender. Se entiende que los nuevos lazos y las nuevas relaciones cuestan, pero que haya gente que teniendo ya unas amistades hechas, y sin ganar nada, decidan dar una oportunidad a una persona que ya tiene todo por perdido, que no tiene nada que hacer y que es de una forma muy cerrada, se agradece. Y mucho.

A raiz de aquí, las cosas no es que puedan llegar cambiar, sino que cambiaron. Es fácil saber que hablo de mí. De mis años pasados. De mis grandes problemas que tuve… Y no tengo ningún reparo en decirlo. Yo no tengo por qué avergonzarme. Conocer a las personas que he conocido a raíz de esos problemas me han cambiado la vida. Parece una exageración decirlo, pero es así.

Cuando pensabas que nadie podía ser tu mano derecha, cuando pensabas que no ibas a significar nada para nadie, de la nada aparece un grupo de personas que, hoy en día, son lo mejor que me ha pasado. Y que gracias a ellos, he conseguido ser una persona completamente diferente a la que era. Y sí, me alegro de ser como soy y de tener a mi alrededor a las personas que tengo. De saber que puedo contar con ellas en los momentos buenos y en los malos, de pensar que con un solo mensaje están ahí para apoyar… A todos ellos miles de gracias porque, entre todos, me habéis cambiado la vida.

Y es que con todo esto, yo también he aprendido a dar. A hablar. A escuchar. A ayudar. A ser amigo. Cosa que antes, casi seguro que no sabía. Hermanos no tengo, ni hermanas tampoco. Y no sé lo qué se siente, pero os puedo asegurar que puedo meter a toda esta gente en el saco de “hermanos”. Y es que todos necesitamos una segunda o una tercera oportunidad, ya que estoy seguro de que todos tenemos nuestro espacio, solo hay que estar en el momento adecuado, con la gente que vale la pena.

A todos ellos, miles de gracias por todo.

 

 

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