Historias de un mendigo…

Volviendo de tomar algo por ahí, casi a la altura de mi portal, me saluda el simpático mendigo que tenemos donde la Iglesia. Con gorro de lana y abrigo largo se levanta y viene hacia mí. Quitándome los auriculares logro escuchar que me está pidiendo un poco de dinero para tabaco. Saco la cartera y le doy lo poco que llevaba. Con su mano extendida y con el dinero, me da un abrazo y me dice que muchas gracias. Comienza así una conversación que dura más de una hora.

Durante la conversación me dice que quedan muy pocas personas como yo, jóvenes y que aún piensan en los demás. También me explica cómo se tiene que esconder de vez en cuando de algunos rumanos que están por la zona por la envidia que le tienen, ya que los vecinos le dan todo a él debido a su gran amabilidad. Me invita a sentarme en su banco. Lleno de mantas y de cartones me hace un hueco. Sigue así la conversación diciéndome que fue piloto de aviones hace años y que ha tenido una buena vida. Ahora tiene cáncer de huesos diagnosticado en Marzo de este año. Me ha dicho que sólo lo sabe su hermano y, ahora también yo. Se niega al tratamiento de la quimioterapia y de la radioterapia. Realmente tengo que reconocer que me ha costado mantener las lágrimas ante este comentario.

Ante mi curiosidad, le pregunto cómo se lleva el vivir en la calle, y me contesta agarrándome del hombro: “Es jodido. Muy jodido. Muchas veces respetas a los demás y ellos te dan por culo solo porque estas viviendo en la calle” Con eso se refería a que debido a diversas quejas de algunos vecinos hay sitios en los que no se puede resguardar de la lluvia y tiene que estar expuesto a ella.

Captura de pantalla 2013-10-30 a la(s) 23.22.42 La conversación seguía y seguía. Yo sin vergüenza le preguntaba cosas y el me respondía sin ningún tipo  de problema; ¿cómo consigues la comida?, ¿como sabes en quién confiar?, ¿cómo pasas el día?…

Me ha  llegado a decir que si alguien le ataca o algo parecido, no se iba a quedar parado. “Si vienen  tres y  me  hacen algo, me llevo uno por delante. Sólo a uno. Aunque salga yo perdiendo”. Estas fuertes palabras    me han revuelto un poco el estomago. Me ha llegado a enseñar una navaja (momento en el que yo me  he sentido un poco  asustado e indefenso) acompañado de las palabras: “Yo estuve el la legión rusa, y si tengo que defenderme, me defenderé”. Me ensaña unas fotos suyas para demostrar que todo es verdad. Uno de los momentos que más me he asustado a sido cuando me ha explicado como coger a uno de la nuez para defenderse. Lo único malo es que me lo a explicado de forma práctica y me ha dado bastante impresión, ya que me dolido un poco. Todo hay que decirlo.

Cuando ya me he levantado para irme, me ha preguntado qué estaba estudiando. Cuando le he dicho que estudiaba periodismo y que me gusta mucho escribir, él me ha dicho que dedica un rato al día a escribir a la gente. “¿Y sobre qué escribes?” le pregunté. “De nada fijo. De lo primero que se me pasa en la cabeza. Es una literatura libre. No me guío por nada…” me contestó mientras me enseñaba unos papeles pequeños y arrugados donde me imaginé que escribiría todo.

Cuando ya nos estábamos despidiendo y dándome las gracias, me dice que no tiene más papel y que no puede seguir escribiendo. Yo, apenado, le digo que no se preocupe, que si quiere que le baje un cuaderno y unos bolígrafos para escribir. Dichas estas palabras, el mendigo me mira y me dice: “¿Sí? ¿Harías eso? No quiero molestar…” Agarrándole de la mano le digo que no, que para nada es molestia.

Subo a casa y cojo el cuaderno y los bolis. Pero, ¿qué más le puedo llevar? Preparé una botella de leche caliente con miel y unas galletas. Lo metí en una bolsa y bajé.  Cuando llegué al banco no estaba. No sabía a dónde había ido. Sin más, dejé la bolsa ahí y me di la vuelta. En ese mismo instante escuché: “Oye, no te vayas. Espera” Era él. Había ido a dar una vuelta por el parque.

Cuando le dije que me iba a cenar, me volvió a decir para hablar en el banco. Por no ser mal educado me senté un poco más. Tenía frío. Eran las 9:30 de la noche.  Me ofreció una manta, pero le dije que no. Los dos levantados, terminamos la conversación diciéndome que me iba a escribir algo, que otro día que me viese me lo daría. Nos dimos un fuerte apretón de manos y ahí lo dejé, entre cartones y mantas. Subiendo en el ascensor de mi casa, pensé la valiosa lección que había aprendido hoy. Pensamos que lo tenemos todo y, cuando menos te lo esperas, puedes perderlo todo.

Realmente ha sido una experiencia que me ha servido para ver cómo es la visión de una persona de la calle sobre las cosas, y eso que sólo he estado hora y media con él…

Para nada tenía pensado acabar el día así. Pero totalmente aconsejable, de verdad. Que te cuente con tanta sinceridad todos sus problemas una persona de la calle, tiene su valor. Me quedo con sus lecciones, consejos e historias para vivir las mías.

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3 comentarios en “Historias de un mendigo…

  1. joder, me pareece muy bien lo que hayas hecho de verdad… esta gente necesita carino y tu se lo has dado!! te aconsejo traerle una vez a la semana una bolsa con comida, te lo agradecerà muchisimo.. muy buen cuento Oskar!

  2. Está genial, pero eso de cambiar entre pretérito perfecto simple, presente y pretérito imperfecto se queda un poco raro.
    Aun así, es muy buen cuento y está muy bien relatado.
    P.D: en el 5º párrafo, octava línea, es “ha sido” y no “a sido” xD.

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