“Los viajes de Tomás”

Sin saber realmente el por qué, hace unos días se me ocurrió empezar a escribir un micro relato. Se titula “Los viajes de Tomás”, y trata de un niño que tras unos problemas con sus padres, decide marcharse de casa, pero no consigue encontrar un lugar que le guste como para vivir. Viaja mucho, y le ocurren muchas cosas durante el viaje.

Aquí os dejo algún fragmento:

Aún me acuerdo de ese 14 de Febrero de 1993. Llovía, estaba nublado. Hacía un viento que movía los arboles cual gigante. […] Lo que parecía que iba a ser un día feliz y sin discusiones, acabó en una de las peores… Como era de esperar, las compras en el mercado fueron como una procesión. Un completo silencio. Yo pensaba que se le pasaría al llegar al coche, pero no, seguíamos en las mismas. Parecíamos como el perro y el gato. […] Mi padre estaba haciendo la comida en casa […] Al rato, llegamos mi madre y yo a casa. Empezaron a hablar entre ellos y yo veía que mi madre ni me hablaba ni me contestaba, es más, ni mi propio padre era capaz de preguntarme algo sobre el día […]No se el por qué, pero en un margen de una semana, mis padres no eran los mismos […] Ruidos, gritos, golpes…me desperté. ¿Sería un mal sueño? Me levanté de la cama, y sigilosamente abrí la puerta de mi cuarto para ver que ocurría. Solo un centímetro me permitía observar que pasaba. Los ruidos seguían, los gritos ya no. […] Cogí el teléfono, el mismo con el que llamé a Carlitos, y marqué el 112. […] Me puse a llorar como nunca. […] Nadie sabía que yo estaba debajo de la cama. Nadie. Estaba abrazado al teléfono como si de alguien se tratase. Yo seguía en esa posición. […] Al rato, subieron unos señores de traje, con una caja blanca. Repetían mucho la frase “A la de tres” […] Por fin pude ver a mi madre, pero la metieron en esa caja, y la cerraron. […] Al salir de debajo de la cama, y estar solo en casa, con ese charco de sangre, que supuestamente era de mi madre, sin saber donde estaba ella, ni si estaba bien, y sin saber tampoco donde estaba mi padre, me sentí solo, muy solo. […] Decidí sacar una maleta e irme. […] pero tras intentar para muchos coches, uno me cogió […]En ningún momento me preguntaron que me pasaba, ni a donde quería ir, solo me dijeron que ellos se iban a su pueblo […] Empezaron a hablar […] Tras un rato escuchando, entendí que no les hacía ninguna gracia que estuviese allí […] decidí marcharme yo solo […] A la salida del pueblo, me encontré un perro. Blanco, limpio, cariñoso y alegre, que me seguía y me seguía […] Entré hacia el monte […] Decidí intentar hacer una medio caseta para pasar la noche […]Lo conseguí. Tres paredes y un techo consistente nos refugiaron toda la noche.

Por ahora, esto es todo lo que os puedo enseñar.

Espero terminarlo para final del Verano. A ver si lo consigo…

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